Parece que de la jura a la bandera fue lo único que se nos quedó.

¿Cuántos años recibimos educación cívica? ¿Cuántas veces en la vida escolar repetimos la jura a la bandera? ¿Alguna vez analizamos su contenido? Ahora que hemos reflexionado tanto sobre la Educación, es un buen momento para sacar este tema a la luz: importantísimo que no se repítanles cosas como si carecieran de un contenido más profundo, vital enseñar a soñar con una incidencia en nuestro país.
La jura a la bandera es una belleza, fue escrito durante la época de Ubico por Alberto Velásquez Günther y en principio se llamaba “Saludo a la bandera”. Realmente dice cosas hermosas. ¿Pero a quien le juramos cuando la recitamos? A la patria por supuesto, a nuestros compatriotas, pero principalmente a nosotros mismos.
Honor, sacrificio y esperanza. ¿Vivimos así? Sintiéndonos honrados de nuestro país, nuestras costumbres y nuestra gente. Si algo nos tiene inconformes, ¿nos sacrificamos para rectificar el curso de la nación desde nuestro ambiente? ¿Mantenemos la esperanza de vivir una vida mejor como nación o nos conformamos con salvar nuestro pellejo? Nunca es tarde para rectificar, porque decimos “hasta la hora de nuestra muerte”.
La promesa final es velar y aún morir porque tengamos una patria digna. Últimamente pienso que vivimos en el país de los indignados, ¿dónde está el dinero?, ¿dónde están las vacunas? Es lo que se ve en muchos perfiles de las redes sociales. ¿Pero que más hacemos o que más podemos hacer para agilizar este proceso y poder salir juntos adelante?
No bajemos la mano, era la broma final del acto cívico, pero es muy triste que sigamos viviendo así.
